domingo, 17 de febrero de 2008

Escher, el tetris o el orden imposible del living


Cuando uno deja la casa paterna jamás reflexiona sobre las múltiples capas de objetos que irá acumulando en sus sucesivas mudanzas.
Si cuando llegué a Buenos Aires tenía un bolsito, la pc y dos libros era mucho para rellenar el cuarto donde pasé los primeros 6 meses en la "big city". Luego, la espiral del tiempo hizo que de a poco y -con un par de mudanzas de por medio- el entorno fuera otro y se fuera poblando de cajas, más libros, un lector de cds, los cds, una radio vieja, el tele, la heladera, una mesa para la pc, sillas, una cama, otra cama, una biblioteca, lámparas, plantas, cuadros, fotos, apuntes viejos de la facultad, más libros... y de pronto el espacio finito de un dos ambientes se estiró pero no tanto.
Hace poco, mi prima me dió en comodato dos sillones de la abuela. Los traje como camello arriba del auto y de a uno. Hasta ahi el panorama se presentaba bastante alentador, hasta que los puse en el living y el metraje cuadrado colapsó. Me la pasé jugando al tetris con la mesita ratona, el sofá cama, la biblioteca, el tele, la mesa y -por supuesto- los silloncitos (que de pequeños no tienen nada) hasta caer rendida sin haber logrado el objetivo. La disyuntiva fue simple: la mesa o los sillones. Fue la mesa, los sillones ganaron por abandono. Hoy le prendo una velita diaria al cuadrito de Escher "santo patrono de los espacios imposibles " y recito en silencio una plegaria para que el living se transforme y vuelva la mesa.

3 comentarios:

nestor dijo...

te encontre en lo de la abuela española y quise saber de que se trata tu blog y aqui estoy haciendo un comentario.
Si no entendí mal sos del interior aunque no se necesita mudarse para ser del interior.pero yo que alguna vez vine a la "gran ciudad" desde un pueblo rural me pasaba algo como a vos: primero no sabía como llenar dos piecitas, después algunos amigos me regalaron dos sillas, luego un sillón, me compré u televisor, mas a delante un cocina con que reemplacé un calentador...y asi cuando me mude a una casa en serio no sabía de donde había sacado tantas cosas sin mencionar la montaña de libros y algunos debajo de mi cama..jejej no sigo mas porque no termino mas de contar cosas así....
hasta la proxima.
un abrazo

Anónimo dijo...

Yo, la prima de los sillones, también del interior, hoy paso por lo mismo. Es increíble como uno va llenando el vacío que genera el "dejar atrás la casa materna". Creo que no somos conscientes del desarraigo que sentimos hasta el día que encaramos una nueva mudanza. Y ahí, otra vez! Porque nunca nos entra todo lo que pretendemos llevarnos... entonces, debemos desprendernos... o agradecer al buen invento del "comodato" para sentir que uno no se desprende totalmente de esas cosas que en otro momento ayudaron a tener un poco del calorcito de hogar del que nunca nos quisimos ir del todo.-

Anónimo dijo...

Llenando vacios...un titulo vulgar por las posibilidades de extiguirse entre bibliotecas de autoayuda. Pero ultra acertado en cuestiones del ser,tal vez si dedicarse a contemplar vacios en vez de llenarlos y llenar espacios inmortalizando recuerdos ,haga de ésta una tarea menos pesada,por que como alguna vez lei: "en el centro del vacio hay una fiesta"
Que potencial Twister!!! aunque ahora se puso de moda : TROMBA MARINA.Beso enorme